lunes, 17 de mayo de 2010

Saludos a eSe


Felicitaciones a quienes componen el equipo de eSe y éxitos en su iniciativa:
http://www.revista-ese.com.ar/
Y mi especial agradecimiento por su lectura e instructivas opiniones a Gabriel Cirelli, autor de la reseña de "El pintor..." que se incluye en este nuevo suplemento dedicado a la literatura y todas las galaxias conexas:
http://www.revista-ese.com.ar/mundo_literatura_libro.html

¿Todos seremos eSe?

lunes, 12 de abril de 2010

Poetas corrientes

Amigos de Rosario y del mundo!
El ciclo “Poetas corrientes”, coordinado por la editorial Espiral Calipso, abre sus puertas una semana más, tratando de ofrecerles siempre noches de altura, noches de verdad y ficción, de palabra y de fiesta.

Miércoles 14 de Abril
A las 21 horas
En Corrientes 1380,
(Rosario, Argentina).

Los invitados de la semana son:

Ezequiel Hazan: Concordiense arrosarinado por el tiempo. Gran lector. Autor de narrativa y de textos de encrucijada. Dirige junto a Manuel Núñez el curso “Borges y macedonio: Historia de una amistad”, organizado por esta editorial. Su palabra serpentea buscando siempre otra vuelta de tuerca.

Federico Ferroggiaro: Hace una narrativa que histeriquea con la poesía. ¡El miércoles descubriremos en qué queda la cosa finalmente!

Nico Manzi: Tiene problemas con las musas desde que Central tiene problemas con el descenso. ¡Pese a todo algo podemos hacer! Conocedor de la tradición poética, juega a romperla y reconstruirla como un puzzle. Como el tema de las fronteras textuales es taaaan intrincado, él dice escribir “ejercicios”. ¡No se los pierdan!

Luciano Trangoni: Creemos poder afirmar sin equivocarnos, que es autor del texto que más divirtió al público en la primera edición del ciclo. No es que se trate de un autor cómico. Es simplemente… ¡incalificable! ¡Tienen que escucharlo!

lunes, 5 de abril de 2010

Apuntes para una ficción

Invito a espiar el borrador de un relato, publicado en el suplemento de Medicina y Cultura U.N.R.
http://www.medicinaycultura.org.ar/38/Articulo_05.htm
Espero que les guste.

martes, 23 de marzo de 2010

Derrumbe(s)


Como soy de los que necesitan que se les explique todo, me costaba entender el derrumbe dentro de “Derrumbe”, la novela de Daniel Guebel. La situación que plantea la trama resultaba óptima, digo: para justificar el título. El narrador es abandonado por su mujer, “pierde” a su pequeña hija, reniega de su fracaso como escritor, pero a mí me costaba entrar –y acepto que haya sido un problema mío- en la frecuencia de la desesperación consecuente o previsible. Porque si el derrumbe se asocia con el desasosiego, la angustia, con el ícono pictórico de Munch gritando sordamente mientras se comprime las mejillas, el derrumbe del narrador de “Derrumbe” no parecía una tragedia sino una excusa, un guiño para burlarse ácidamente de otros hombres y sus pobres vidas pretenciosas en la ruina. Derrumbadas. Y, sin embargo, me dejaba llevar. ¡Qué narrador el de “Derrumbe”! ¡Qué trituradora de ironía, humor y desencanto! ¡Qué negatividad cáustica!
Sucede que, a lo mejor, soy lector de derrumbes más clásicos, más convencionales. Me acuerdo, por ejemplo, del Zevi de “El traductor” en su momento de derrumbe –cuando se derrumba el muro de Berlín, cuando se derrumba su relación con la adventista- y, claro, yo me iba a pique con él, con Zevi, pero quizá fuera solamente porque ese narrador (Zevi-Benesdra) era poderosamente arltiano. También el de “Derrumbe”, de a momentos, pero las reflexiones y digresiones filosóficas, musicales o simplemente anecdóticas, acababan por sacarme del plato... Hasta que comprendí que la novela está construida como una colección, un rejunte o un catálogo de derrumbes ajenos que constituyen el marco o la comparsa del derrumbe principal, el del narrador. Y el derrumbe, que es la pérdida, se entrecruza con otro tópico central, clave: la paternidad, el lugar del padre, la relación del padre con su hija, el sentimiento exacerbado que se deposita sobre lo único entonces que hay de verdadero: la hija, “mi nena”. Si hay un derrumbe, el mayor, es la pérdida del hijo(a), aunque sea momentánea, aunque después regrese para comer con el narrador y sus amigos.
Pero había que darle un cierre, había que precipitar el derrumbe interior y volverlo acto, materia, monstruo. Había que derrumbar el verosímil, el continuo de la estructura narrativa, la esperanza en que, después del derrumbe, nada puede ser peor. No, no voy a contar el final. Sólo a agregar que la subsistencia, sobrevivir en la animalidad, se erige en el sacrificio vital del derrumbado que se conserva, fragmentado y monstruoso, con el único afán de ser nombrado, de ser reconocido como el padre de esa hija (ya grande y exitosa) que se perdió. Entonces, morir y resucitar, realmente, simbólicamente, para redimirse en el reconocimiento, en el ser nombrado otra vez por la hija y así, en la enunciación del vínculo, en su pervivencia, salvarse de entre los escombros, suprimir las evidencias del derrumbe. O algo así, al estilo de Daniel Guebel.

lunes, 15 de marzo de 2010

Un narrador y sus princesas


Iba a esbozar unas líneas sobre la novela de Jeanmarie, la última. Pero resulta que la presté y, entre sus páginas, quedaron mis machetes. Mejor: es el momento de escribir sobre Celeste y Blanca de Guillermo Piro.

Elegir para el epígrafe unos versos de Panero, el poeta loco o el loco poeta, representa una toma de posición. No la única: la primera de Celeste y Blanca. Una novela que se sostiene sobre las premisas que enuncia el narrador; un narrador que juega a hacerse el borracho (o el loco) y con la intención de desplegar una historia (¿alegórica?) de princesas, príncipes y reyes rioplatenses, acaba demorándose, tomando todos los desvíos y “yéndose por las ramas” para contar otros cuentos (reflexiones, simpatías, anécdotas) que vienen al caso (o no), pero que se autorizan desde las premisas o verdades que el narrador intercala gustoso de exhibir su ingenio, su pericia en el arte de narrar. Entonces: una novela de princesas, de premisas, de digresiones. ¿Un fluir de la conciencia?, ¿un discurso ebrio?, ¿un juego de ajedrez? Sí y no. Celeste y Blanca nos pide la comparación.
Sandra Contreras definió la maquinaria narrativa de Aira (César) como “el imperio de la invención”, la fuga hacia delante del relato que no se detiene porque su objetivo, como el del caballo de carrera, es llegar a la meta, al final. Si se me permite mantener la metáfora de la especialidad, me arriesgo a sostener que el narrador de Piro, en este sentido, opera desde una variante: se fuga hacia el costado o hacia adentro –de sí mismo de lo que narra. El cierre, el final, es, en todo caso, casual, aleatorio. En una entrevista –y a lo mejor muchas veces más-, Aira definió a su poética sobre la base de la experimentación y la improvisación. (Nota al “pie”: perdonen que ya haya mencionado a Aira dos veces, es uno de los pocos escritores argentinos que incluye en su texto el narrador) Pienso que Piro elige el segundo principio sin desdeñar al primero. La digresión, a veces humorística y otras delirante, es la forma de improvisación de ese narrador que se define como “inquieto” antes que “distraído”, que opina sobre sus personajes y explicita sus favoritismos y sus odios con la misma soltura y desenfado que comunica las experiencias y máximas que rigen su vida. La experimentación, es posible, se condensa en la trama que nos prometió en las primeras páginas y, a cuentagotas, cada tanto y con “experimentaciones” sobre la linealidad y el tiempo del relato, nos sigue contando.
El narrador sabe que el único traicionado termina siendo el lector, pero tal es el imperativo lógico en la poética de la desobediencia. Tan hastiados deberíamos estar de empalagarnos con novelas obedientes (las que no son sino variaciones de unos pocos temas –se dice que no más de nueve, Gramuglio en sus clases contaba tres: el amor, la muerte y la guerra) que tendríamos que agradecer que alguien, con la excusa de contarnos la historia de Celeste y Blanca, nos sorprenda con algo nuevo. De acuerdo, muchas gracias. Tengo más para escribir, pero no quiero citar y violar las leyes del copyright.
Soy de los que comparten sus libros y sus lecturas deseando descubrir otras ópticas, otras interpretaciones; que otros lean los libros que yo leo para después construir otros sentidos. Si hay ganas, si se puede. Para invitar a aventurarse en Celeste y Blanca, parafraseado al narrador, diré que él sostiene que todos sus textos anteriores han sido la “peregrinación” para llegar a éste, a Celeste y Blanca. Para los que nos gustan los artículos de Piro en Perfil o sus poemas, no deja de ser un gancho.

martes, 9 de marzo de 2010

Soltar libros


¡¡Libro Libre Argentina convoca a la 7ma Gran Liberación de Libros!!

La propuesta consiste en liberar un libro en un espacio público (plaza, bar, transporte público, museo, etc...). Pueden participar del movimiento todos aquellos que lo deseen liberando un libro el 21 de marzo en el lugar donde vivan o se encuentren en ese momento.

Para participar, dejá un libro en un espacio público con una dedicatoria que indique:
- Que el libro pertenece al Movimiento Libro Libre Argentina.
- Que es de quien lo encuentre pero que al finalizar su lectura deberá ser liberado, para que pueda ser disfrutado por otras personas nuevamente.

¡Muchas gracias por participar de esta gran cruzada y compartir la propuesta con sus amigos!

viernes, 5 de marzo de 2010

Desde las palabras


Comparto la entrevista que me realizó Mildred Melendez Otero y que está publicada en su excelente sitio:
http://desdelaspalabras.wordpress.com/
Pueden leerla y opinar en:
http://desdelaspalabras.wordpress.com/2010/03/01/federico-ferrogiario-el-periodismo-es-vecino-de-la-literatura/

miércoles, 24 de febrero de 2010

Los caníbales europeos


“Lo único que no se puede hacer con un caníbal es comérselo”
Cristina Fernández (de Kirchner)




Con esta elocuente imagen, la Sra. Cristina Fernández culminó sus declaraciones en la conferencia de prensa brindada en Cancún, México, en el marco de la Cumbre del Grupo Río. El referente de la misma es Gran Bretaña, país que, actualmente, se encuentra en una controversia con Argentina por la explotación de petróleo en la zona de las Islas Malvinas. Con la gráfica alusión que encabeza este texto, nuestra jefa de Estado expresa, proverbialmente, la determinación del gobierno de resolver el conflicto ciñéndose a las normas del derecho internacional. Algo muy loable, por cierto.
En el imaginario occidental, desde la ocupación de América -y posiblemente desde antes-, el caníbal o el antropófago son una forma de representar al “otro” que se desconoce, al indio americano. Diferenciándose de lo europeo, cristiano y civilizado, el caníbal encarna lo incivilizado, lo bárbaro, la fuerza indómita de aquellos que no respetan, a la hora de nutrirse, ni a los miembros de su especie. Los diarios y cartas de Colón, como también las crónicas de otros viajeros y conquistadores, son pródigas en relatos donde el canibalismo, junto con la desnudez, el fetichismo, los sacrificios humanos, esbozan la postal del salvajismo precolombino. Y a tal punto internalizamos esta identidad, este contraste que, por ejemplo, el poeta Oswald de Andrade, en su Manifiesto, coloca a la antropofagia, no sin ironía, como la esencia de lo americano.
Invirtiendo la fórmula histórica, Cristina designa como caníbales a los europeos, a los correctos ingleses para ser más exactos. Una osadía, francamente, pero que no deja de ser aceptable. Por supuesto: el caníbal no se inquieta ante las sanciones de la O.E.A. ni se ajusta a la letra del derecho; su hambre está antes que las normas y las ganas de comer es la única ley que obedece. Citemos a Andrade, para algo lo invitamos: “Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago” Los ingleses tienen ganas de explotar el petróleo de una zona en litigio, vulnerando la soberanía de otro país… y lo hacen. Conducta salvaje, no hay dudas, censurable; “lo quiero y lo tomo… ¿a ver quién me lo impide?”: es la ley de la jungla, la ley del más fuerte, la ley del antropófago. No es novedad que los imperios se comportan de este modo: respetando a los otros, a los pueblos menos tecnificados, ninguna potencia se hubiera desarrollado.
Pero, como es lógico, almorzarse a un caníbal nos convierte en lo mismo que ingerimos. Decir, como sentencia, que no puedo o no debo comerme a otro de mi especie, es una prueba de urbanidad encomiable. Sin embargo, quedaría preguntarse si, sin salir de la metáfora, existe alguna posibilidad de librarnos de dicho impedimento. Es decir: ¿podríamos comernos al caníbal?, ¿podría Argentina saciar su hambre con Inglaterra? Los países desdentados no significan un peligro para los voraces carnívoros que consolidan su poder fagocitándose a los indefensos. O, puesto de otro modo: un no caníbal (por elección o lo que fuera) no es riesgoso para los caníbales. Porque para comerse a un caníbal hay que serlo: sino, decir que nos abstenemos de hacerlo no pasa de ser una bravuconada moralista, un ingenioso juego de palabras o, lo que es más triste, una muestra de la locuacidad sin sustento de un compadrito anémico. Ser más civilizados que quienes nos atacan o perjudican no siempre es señal de madurez. A veces es solamente resignación e impotencia.

viernes, 19 de febrero de 2010

Pedir y poder


“Una cosa es pedir y otra cosa es poder”
Hermes Binner

En el marco de la discusión paritaria con el gremio docente, el gobernador santafesino, siguiendo la tradición de quienes anteriormente ocuparon su puesto enunció, como defensa, esta máxima cruel de la impotencia. No es novedad: ya Reutemann, menos intrépido, profirió cierta vez la célebre y tautológica frase: “cuando no hay, no hay” para aplacar las demandas salariales de algún sector en crisis. Pero el gobernador actual, a diferencia de su predecesor, da un salto hacia delante y parece derrumbar de un plumazo los pilares del positivo voluntarismo budista, sintetizados en el tradicional proverbio: “querer es poder”.
El “querer”, lo sabemos, es volición, deseo, proyección -tácita o no- porque el “querer” es, antes que nada, un claro anhelo interior. El “pedir”, correlato verbal del “querer”, es la enunciación del deseo, del objeto (material o inmaterial) que se pretende obtener de otro capaz de proveerlo. Es decir: del “querer” pasamos al “pedir” explícito, al “pedir” lo que se quiere a quien, se supone, puede concederlo. Pero la declaración de Binner, en este punto, se vuelve reveladora en su significado, en su sentido: “una cosa es que otro quiera o pida y otra que yo pueda”. Es decir: el gremio docente puede “querer” y “pedir” un aumento, pero no por eso va a “poder” conseguirlo. Por supuesto: su “querer” no es “poder” porque tal aspiración no es autosuficiente sino que depende, sin dudas, de otro que lo facilite, que lo brinde. Y así sucede en muchos órdenes de la vida: el niño quiere un juguete oneroso, lo pide, y su padre le responde “no puedo comprarlo”. Juan quiere la paz en el mundo, pero no alcanzan las buenas intenciones de un quidam para que los señores de la guerra puedan detener sus escaladas de odio y sangre.
Por otra parte, en un análisis lógico, comparando los enunciados transcriptos, podemos observar la evolución en el pensamiento de nuestros dirigentes provinciales. Para Reutemann A es igual A mientras que, para Binner, A es A y B es B. La ampliación de los términos es una demostración de la capacidad asociativa del gobernador en funciones. Claro: una cosa es el agente del deseo, el que pide, y otra cosa es el benefactor, quien puede otorgar lo que se quiere o pide. Por lo tanto, y trasladando la premisa del “querer es poder” ya no al agente del deseo sino al benefactor, la pregunta que surge, obligadamente, es: “¿no quiere o no puede?”, pregunta para la cual, al menos en la declaración trascripta, no tenemos respuesta. Afirma que no puede, y es lícito creerle, pero ¿quiere? Dejémoslo ahí: no puede respondernos.

Los peligros de la comparación poética


"Lo veo resbalando como chorizo en fuente de loza”
Rafael Bielsa



Con esta popular comparación, el poeta rosarino y excandidato a gobernador de la provincia de Santa Fe, intentó graficar su percepción del gobierno de la Señora Cristina Fernández (de Kirchner). Que resbala. Como un chorizo. En una fuente de loza. Sin dudas se trata de una afirmación intempestiva. O sacada de contexto, como gozan afirmando los que profieren un rebuzno y al rato se arrepienten. Porque para un artista dúctil y versado en comparaciones y metáforas que escribió, por ejemplo: “el tren pasaba lejos como un cuento de la infancia” o “ella cruzaba el patio como rueda de espuela”, referirse a un gobierno como un chorizo patinando sobre una fuente, además de poco poético, suena hasta ofensivo. Los chorizos se confeccionan con carne molida, de cerdo, de vaca y también hay artesanos que los rellenan de pollo. Carne animal, carne muerta, comprimida (embutida) en un delgado cartucho de tripa que es atado en ambos extremos. Nadie discute que su ingesta pueda resultar agradable, pero de ahí a llamar a un gobierno o a las personas, argentinos y argentinas, que lo conforman “chorizo”, nos separa un abismo. Más todavía cuando, en la oralidad rioplatense, “chorizo” es sinónimo de “ladrón”. Y no designa a cualquier ladrón, a uno de bancos o camiones blindados, sino a los descuidistas y carteristas, a ésos que, el sustento, se lo proveen abusando de la distracción o la confianza ajena. Esta interpretación no es descabellada. Imaginemos a un chorizo, a un ladrón, que en su carrera para escapar de la persecución policial o del birlado, introduce su pie en una fuente de loza casualmente colocada para interceptarle el paso. ¿Qué sucedería? Por supuesto: al pisar el adminículo citado, resbalaría despatarrándose para estrellarse contra el piso. Ergo, todo parece indicar que, para Bielsa, el gobierno es ladrón y torpe en su huída.
Una segunda alternativa, pienso ahora, puede ser que Rafael haya intentado seducir al vulgo, al hombre como usted o como yo, introduciendo en la comparación un término que nos resulta familiar, al menos vagamente o como él supo versificar: lejano “como un cuento de la infancia”: el chorizo. Claro: porque si Rafael visita alguna carnicería, descubrirá que el kilo de chorizos ronda los $35 y no cualquier bolsillo proletario o pequebu está en condiciones de regalarse dicho bien suntuario. Pero todos hemos visto como un chorizo grasiento, jugoso, puede deslizarse sobre una superficie plana, sea de loza u otro material: nuestra memoria, despabilada por la comparación, se relame con el recuerdo.Pero olvidemos las interpretaciones capciosas y, disculpándole el exabrupto al poeta, brindemos para que las musas inspiren al barbado bardo que vuelve al ruedo. ¿Poético? No, político.

lunes, 15 de febrero de 2010

Autos


"Lecciones de seguridad vial" es un cuento que me publicaron en el suplemento cultural de diario rosarino La Capital.

Allí los autos toman vida. Y sacan vidas.

Acá el cuento.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Tuya: ¿un policial paródico?

Un género puede cambiar, transformarse, aceptar modificaciones que surgen de un diálogo (o contaminación) con el contexto; en fin, los géneros en sus invariables aceptan variaciones y ahí reside el encanto de la literatura. O uno de ellos. Recientemente, la prensa oficial de la cultura (¿o de la cultura oficial?) habló del policial argentino: del retorno al pasado para buscar su materia, sus temas, sus héroes; del embeleso por los setenta, de lo inverosímil que es construir un héroe-policía en el estado actual de la institución policial.
(http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/09/16/_-01999526.htm)
Es genial: el género sigue atrapando, moviliza y, de alguna forma, fomenta el debate sobre sus alcances, características y recursos. Si puedo participar, diría que, en abstracto, el policial podría adoptar particularidades del entorno (social, económico, histórico, y todo eso) con los que el autor (y lector) escribe (reescribe) su relato. De hecho, ciertas veces, en sobremesas y trasnoches porroneras, enuncié mi hipótesis de que el policial argentino no acepta que la espada de cotillón de la justicia caiga sobre él o los culpables, que el detective-policía debe acabar procesado por algún exceso en el cumplimiento de sus funciones, los familiares y vecinos de la víctima cortando el tránsito en una marcha de silencio y la víctima, bien gracias.
A todo esto, la idea inicial era escribir sobre un policial actual, que no precisa usar la máquina del tiempo, que se queda acá, en el presente, y monta su intriga desde la cotidianeidad, desde ambientes que son, en una primera mirada, conocidos por el público lector. Es decir, un policial de hoy, no del pasado; un policial que prescinde de los policías y deja a una mujer, Inés Pereira, a cargo de resolver (o esconder, en el primer momento) la muerte de la secretaria de su marido, el (¿involuntario?) asesino y verse envuelta en un “cuadrado” amoroso donde ella es, como lo descubre, una de las cuatro aristas.
No interesa cómo llegué a Tuya, lo leí y ya está. El argumento, aunque podría enunciarlo, queda explicitado en lo antedicho y podemos prescindir de otros datos. Porque me interesa centrarme en que, en vez de un detective sagaz, como los canónicos Poirot, Dupin, Parodi y sus antecedentes y sucesores, brillante, analítico, seguro de sí; Tuya pone en escena a una mujer, a una mujer que es como cualquiera y que pretende razonar y actuar como lo haría cualquier mujer burguesa y cuarentona en circunstancias similares. Excelente estrategia: que el (la) lector(a) se identifique con el personaje principal, que comparta con ella gustos, actitudes, costumbres, reacciones y también… pensamientos. Una novela vertiginosa, cinematográfica (¿es un elogio?), que se lee con interés aunque pueda resultar predecible; con interés e indignación a la vez, como siameses. Porque hay una tecla que, al presionarla, no emite sonidos, queda muda y, lamentablemente, se trata de lo esencial, estoy convencido, porque el policial es realista, es realismo, y la tecla que no suena es la del verosímil, lo que, como lectores, nos lleva a pensar que aquello que leemos puede ser (real). Y no hablo del crimen, del “cuadrado” amoroso; me refiero a la voz, a la narradora principal: Inés Pereira.
Si la autora hubiera sido, en vez de Claudia, digamos, un autor: Claudio, por ejemplo, tendríamos asegurada la enérgica censura de los movimientos feministas o de las mujeres en general, de las que piensan el mundo en términos de género y en pie de guerra. Porque sí, porque se requiere de un machismo medular, de un desprecio consumado por la mujer para poner en movimiento una voz narradora como la de Inés Pereira en Tuya: “un policial negro duro, pero de mujer” como sostiene el Elvio Gandolfo y con quien quisiera estar de acuerdo.
A menos que Inés Pereira sea una parodia (¡sí!, ¡es eso!) una caricatura de mujeres que justifican la infidelidad porque “…”, que no se sienten afectadas por carecer de vida sexual a los 39 años, que no ven a su hija embarazada aunque todas las noches cene con ella, y que crean que, para salvar un matrimonio insípido y rutinario, es heroico convertirse en cómplice de un homicidio. Sí, de un asesinato cometido por el hombre que la engaña, que no la estimula (y hasta la rechaza) sexualmente y que puede llorar junto al lecho de su hija y abrazarla sin percibir que la niña carga con una barriga de siete u ocho meses; es decir, su marido, Ernesto. Así está mejor, es plausible. Entonces, una caricatura compuesta con todo lo que odian las mujeres, pero todo, todo junto: la auténtica pelotuda burguesa argentina, con ustedes, señores, Inés Pereira, una mente capaz de pensamientos y reflexiones tan profundas como (y abro el libro al azar):
“Los días siguientes fueron un infierno. No pasó nada, ¿Cómo una puede sentirle el gusto a lavar los platos, barrer o a planchar cuando tiene entre manos algo ten importante como el encubrimiento de un asesinato” (pág. 61). Y otra que deja al desnudo la complejidad del alma detectivesca: “Es bueno esto de escribir lo que uno piensa porque cuando después lo leés es como si hablaras con otra persona y podés discutir y criticarte a gusto…” (pág. 98). Incluso la resolución, el desenlace, esa huída hacia delante, al vacío, bajo la consigna de que los crímenes son permutables, que si a un inocente se le imputa un crimen que no cometió, ¿qué mejor que cometer, ahora sí, un segundo crimen del cual poder eximirse de la responsabilidad y atribuírselo a “otro”, al que, más astuto, consiguió imputarnos el primer asesinato?
En fin, mi dificultad está en considerar a Inés Pereira como un personaje de un policial realista. Y por eso, tal vez descubriendo la sintonía de la autora, desplazar a la susodicha al terreno de la burla o la caricatura. Pero no soy mujer, en absoluto, y no conozco en carne propia la profundidad de la psiquis femenina… no, sin dudas, y eso me produce un abismo de incomprensión, de desconcierto que, quizás, me lleve a leer en Tuya una parodia de la mujer, o una parodia del policial.

viernes, 23 de octubre de 2009

Un comentario sobre "Rabia" (de Sergio Bizzio)

A lo mejor, tarde. Pero llegué a la novela de Bizzio por un amigo que, en una de esas charlas barrocas, afirmó que ninguna narración que empieza con un hombre pidiéndole a una mujer hacer uso de “su más profunda piel” (el intertexto es con Cortázar) puede ser mala. No era una declaración de principios y, sin embargo, la hipótesis no me pareció para desestimar. Y conseguí “Rabia”, en la edición Debolsillo, con opiniones más que alentadoras (para el lector, y halagadoras para el autor) en la contratapa. La historia de amor de Rosa y (José) María. La mucama de la mansión de ricos y el obrero de la construcción. Así enunciado, creo, reduciendo la historia a la caracterización de los personajes principales, podríamos temer un relato boedista o un culebrón popular que repite clichés y tipos de camino a un happy end que nos anestesia y redime. Incluso, digamos, la novela incorpora, a su manera (airana, quizás), esos lugares comunes, predecibles y hasta instituidos desde el Naturalismo hasta las telenovelas de las tres de la tarde: la mucama violada por el hijo de los patrones, la relación inconveniente con un menor de edad (nieto de los patrones apellidados Blinder) y hasta el embarazo de la mucamita por parte de un joven “nazi” de nombre Israel.

Pero, para qué negarlo, la clave del encantamiento que produce “Rabia” no radica, en mi opinión, en el tratamiento de las relaciones entre las clases sociales, ni en los crímenes que ejecuta (José) María, ni en la vida sexual (variada) de la mucama, ni tampoco en el anzuelo de si entrega o no, por amor o lo que fuera, lo que el amante pide en las primeras páginas. No. La idea (productiva) del hombre encerrado (voluntariamente) en una mansión ajena y espiando (habitando) la vida de otros (de la mucama, de los patrones y sus parientes) es lo que, celosamente, atrapa, seduce, invita a leer para descubrir si puede (o no) convertirse verdaderamente en un fantasma. Un fantasma: un testigo invisible y limitado (en sus recursos) pero aún así, capaz de conocer todo lo “destacable” de las vidas ajenas, principalmente la de Rosa, que ya no puede esconder ningún secreto. La novela trasmite la inquietante experiencia del espía y su víctima, el que se siente espiado o habitado por otro que vive pendiente de su vida, al acecho, o que la comparte desde una lejanía cercana. (José) María reúne, condensa a la vez, algo de Robinson, de detective justiciero y de pequeño dios que muere, literalmente, de rabia. Es el hombre enfrentando situaciones límites (aunque él sea el artífice, el que se la buscó), transformándose en otra cosa (no sé si inferior o superior, conformémonos con el diferente; más “espiritual” dirá el narrador) mientras opera desde su (auto) reclusión para trasformar o torcer el destino de su amada. Y de pronto, sentí el escalofrío, quizás burgués, de estar simpatizando con un hombre que hace justicia por mano propia, que se carga tres vidas, no rinde cuentas a nadie y ni siquiera es asaltado por un ínfimo remordimiento, por una leve reflexión sobre sus crímenes… Pero sigo pensando que la clave está en el hombre encerrado en la mansión, espiando, viviendo, modificando el destino… claro que, para los que vivimos en monoambientes, el peligro de albergar a un intruso por años es impensable, imposible. Para espiarnos hacen falta otros mecanismos más sutiles.

Tal vez vuelva a leer, desde otra perspectiva, con otra temperatura (la rabia me contagió su fiebre y, de pronto, la voracidad suprimió al placer o se volvió otra forma de placer) y todo cambie o sea capaz de agregar algo o retractarme. Tuve ganas, nada más, de hacer un comentario sobre “Rabia”.

jueves, 1 de octubre de 2009

Pavese


Acá hay un ensayo sobre Cesare Pavese que dedico a quienes también admiran su obra.

Las voces transitorias



El pasado viernes, 25 de septiembre, se presentó en el Centro Cultural La Toma el libro de cinco jóvenes escritores rosarinos (algunos por opción, otros por nacimiento) que reunieron parte de sus trabajos bajo el título “Voces Transitorias”. Gracias a Eugenio Gattuso, uno de los autores, tuve la oportunidad de conocer esas voces nuevas, transitorias, de acuerdo, pero con una energía incontenible, poderosa. Una antología construida entre amigos, entre colegas, entre hombres que sienten y viven la escritura de un modo diferente, propio, pero con la misma fuerza, la misma pasión. Son Voces que hacen una Voz, cinco voces que se unen en un coro, para ser Voz; no transitoria sino de tránsito, no pasajera sino de pasaje al territorio de la subjetividad contagiosa e invitante, de lo íntimo que se deja entrever como emoción, como símbolo, como llamado.

El verso y la prosa conviven en sus páginas pero, la sensación del conjunto –porque todo libro lo es, o se pretende: un conjunto, un concierto, un danzante universo de significados- es que, más allá de la engañosa disposición de las palabras, de las frases, estamos internados en el mundo de la poesía. Y se disfruta escuchar. Esas Voces, ese coro, afinado y polifónico, que son Voces nuestras, Voces de acá.


lunes, 28 de septiembre de 2009

El Pintor de delirios en La Capital

Esta es la crítica al libro El Pintor de delirios que salió en el suplemento cultural Señales del diario rosarino La Capital.

sábado, 29 de agosto de 2009

La reconciliación (cuento)

Este es un cuento de caballeros españoles publicado en Medicina & Cultura.

lunes, 27 de julio de 2009

En Perfil


Mención del libro El Pintor de delirios en el suplemento de Cultura del diario Perfil, correspondiente a la edición del domingo 26 de julio de 2009.

En ciudad.com


Acá hay una mención del libro en ciudad.com